El Monte Redoubt brinda a los habitantes de Alaska una muestra de lo que es vivir en la Luna


Cubriendo el paisaje campestre con ceniza volcánica áspera, abrasiva y electrostáticamente cargada, el Monte Redoubt brinda a los habitantes de Alaska una inesperada muestra de lo que es vivir en la Luna.

“Es muy fina, pero a la vez angulosa; los bordes afilados la hacen sentir áspera y abrasiva”.

“Puede causar cortocircuitos y fallas en componentes electrónicos… y daño físico al equipo”.

“Es mucho más abrasiva que la arena… raya cualquier cosa con la que tenga contacto…”

“….una verdadera molestia… se adhiere a todo: equipo, instrumentos, …es capaz de penetrar partes selladas, …agujeros de enchufes, partes de herramientas, …”

Todos estos comentarios parecieran referirse a la misma sustancia molesta, pero no es así. De hecho, las sustancias a las que se refieren ni siquiera provienen del mismo planeta.

Los primeros dos comentarios tienen origen en Alaska, en donde las personas se enfrentan con la ceniza volcánica que despide el Monte Redoubt. Los dos siguientes provienen de la Luna, en donde alguna vez los astronautas de la nave Apollo tuvieron un problema similar: el polvo lunar.

“La ceniza volcánica y el polvo lunar tienen mucho en común”, agregó Carole McLemore*, del Centro Marshall para Vuelos Espaciales. “Ambos cubren y se pegan a todo tipo de cosas, son sucios, abrasivos, dañan equipos y vehículos, son susceptibles de cargarse eléctricamente y peligrosos si se los inhala”.

“¡El Monte Redoubt está dando a los habitantes de Alaska una muestra de cómo es la vida en la Luna!”

Las historias que cuentan los astronautas y los habitantes de Alaska revelan algunas de las similitudes:

Charles Sloan, un hidrogeólogo retirado que vive en Anchorage, tuvo contacto directo con la ceniza. Estuvo presente en una de las erupciones pasadas del Monte Redoubt, en 1989; y recuerda un incidente particularmente desgarrador.

“Un vuelo de transporte internacional (un avión grande) pasó a través de la pluma de ceniza caliente del volcán. La ceniza fue absorbida por los motores del avión y provocó que se apagaran, entonces ¡el avión cayó en picada!” Los 245 pasajeros que se encontraban a bordo del vuelo KLM 867 contuvieron la respiración aterrorizados. “¡El avión descendió más de 3 kilómetros (2 millas) antes de que la tripulación pudiera encender de nuevo los motores! Torpemente, realizó entonces un aterrizaje de emergencia en Anchorage”.

“Ese fue el tercer incidente de esas características en un período de cinco años”, agregó Tom Miller, ex director y ahora científico emérito del Observatorio de Volcanes de Alaska**, en Anchorage.

Pero regresemos a 1972. Los astronautas Gene Cernan y Jack Schmitt experimentaron sus propios problemas con el transporte cuando su coche lunar (“moonbuggy”, en idioma inglés) perdió un guardabarro. Eso no parece ser un gran desastre si lo comparamos con un avión que cae en picada; pero cuando el polvo lunar está de por medio, incluso la pérdida de un guardabarro puede tener graves consecuencias.

Un coche lunar sin un guardabarro arroja hacia arriba un penacho de polvo lunar (o “cola de gallo”), espolvoreando arenilla oscura y abrasiva sobre el vehículo y sus ocupantes. Los trajes espaciales blancos se oscurecieron por el polvo, transformándose de inmediato en superficies absorbentes de la feroz radiación solar en la Luna, sobrecalentando peligrosamente a los astronautas dentro del traje. Las partículas de polvo, con puntiagudas aristas, rayaban el cristal de los visores al limpiarlos, dificultando de ese modo la visión a través del casco. ¡Cuidado con ese cráter! Y además, el polvo lunar tiene una manera muy particular de inmiscuirse en las bisagras, escotillas y juntas, dejándolas prácticamente inservibles.

Los recursos con los cuales cuentan los astronautas, les permitieron reparar el guardabarro usando cinta adhesiva; sin embargo, incluso con las cuatro piezas, Cernan tuvo que quitar el polvo del vehículo en cada parada.

De vuelta en Alaska, Miller relata lo sucedido apenas la semana pasada, cuando el Monte Redoubt erupcionó de nuevo: “Perdimos tres estaciones sísmicas. La más cercana al volcán se ‘cocinó’ (probablemente debido a los rayos). Cuando se tiene una tremenda y poderosa explosión de ceniza, los movimientos violentos generan electricidad estática y, por lo tanto, rayos”.

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Las partículas de polvo sobre la Luna también tienen electricidad, al menos parcialmente, debido a la interacción con el viento solar. La Tierra se encuentra protegida del viento solar por el campo magnético del planeta, pero la Luna no posee un campo magnético global que la proteja de las partículas cargadas que provienen del Sol. Los electrones libres en el viento solar interactúan con los granos de polvo lunar y, en efecto, “los cargan”. La carga electrostática causa que el polvo lunar se aferre tenazmente a todo.

Incluso a sus pulmones…

El astronauta de la nave Apollo 17, Gene Cernan, padeció el primer caso registrado de alergia extraterrestre. Esto ocurrió al quitarse el traje espacial, después de una caminata lunar. El aire se saturó con el polvo acumulado en el exterior del traje. “Sucedió de inmediato”, comunicó a Houston por radio, y con la nariz afectada. “Tuve una gran reacción al polvo”, recordó luego. “Mis cornetes nasales (las partes cartilaginosas de las paredes de mis cámaras nasales) estaban inflamados”.

Algunos investigadores creen que respirar polvo lunar continuamente podría ser peligroso. Los afilados contornos de los granos de polvo son capaces de hacer diminutos cortes en la piel, de modo que fácilmente podrían quedar atrapados en el tejido pulmonar. La ceniza volcánica presenta un riesgo similar…[]

Fuente ciencia.nasa.gov

**El Observatorio de Volcanes de Alaska es un proyecto conjunto entre el programa de Mapeo Geológico de Estados Unidos, el Instituto Geofísico de la Universidad de Alaska, en Fairbanks, y la División de Registro Geofísico y Geológico del estado de Alaska.

No aspire el polvo lunar –Ciencia@NASA

El misterioso olor del polvo lunar –Ciencia@NASA

Polvo lunar y cinta adhesiva –Ciencia@NASA

Fuentes en la Luna –Ciencia@NASA

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