Las guerras del clima


Militares de EEUU y el ex ministro de Defensa de Francia ven una nueva amenaza en los refugiados climáticos

Barack Obama, en su discurso de aceptación del Nobel de la Paz, afirmó respecto al cambio climático que “hay pocas disensiones científicas sobre que, si no hacemos nada, afrontaremos más sequías, hambrunas y desplazamientos masivos que atizarán los conflictos durante décadas”. La alusión a los “desplazamientos masivos” como factor de “conflictos” necesita traducción: es que los grupos de presión estadounidenses ligados al Ejército y a los neoconservadores han logrado imponer la idea de que los futuros refugiados climáticos son un “multiplicador de amenazas” para la seguridad de EEUU.

Varios documentos, tanto del Centro para el Análisis Naval y de escuelas de altos oficiales del Ejército estadounidense, como de grupos de presión, evocan con ese lenguaje militar la perspectiva de que el cambio climático arroje a las carreteras a decenas e incluso cientos de millones de personas de aquí a 2050.

Uno de los más influyentes, el lobby American Security Project , presidido por el vicealmirante retirado Lee Gunn, va por ese camino en un reciente informe destinado a influir en la opinión pública de su país, e inspirador de una campaña de anuncios publicitarios.

“Las migraciones masivas y las emergencias humanitarias forzarán a intervenciones estadounidenses” 

Afirma que “las migraciones masivas y las emergencias humanitarias que van a poner en peligro los intereses nacionales de EEUU -si la historia es una guía- forzarán a intervenciones estadounidenses”. Lejos de quedarse en un eslogan de campaña, el vicealmirante de reserva explicó el mismo argumento en una audiencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EEUU el 21 de julio pasado.

De este lado del Atlántico, ante el auditorio del Colegio Interarmas de Defensa francés, el ex ministro de Exteriores galo Hubert Védrine se colocó en una posición similar al afirmar que “si los movimientos migratorios son demasiado masivos y demasiado rápidos […], es cierto que habrá que tener en mente una respuesta de seguridad”, porque “puede haber escenarios de crisis o de conflicto”.

Marea humana

El esquema de razonamiento suele seguir un camino parecido: las sequías en ciertas zonas, el aumento del nivel del mar en otras, la salinización de fuentes de agua potable en ciertos puntos y las inundaciones por lluvias o crecidas de regiones enteras expulsarán a los civiles. Los gobiernos de los países, débiles de por sí, se verán aún más debilitados y no podrán hacer frente a la marea humana, que irá a llamar a la puerta de los lugares más ricos y saneados.

Según el Informe Stern Sobre Economía del Cambio Climático, elaborado para el primer ministro británico, los refugiados climáticos podrían llegar a ser 200 millones de personas en 2050, duplicando así el número actual de migrantes. En su análisis, “los incidentes climáticos ya espolearon los conflictos violentos en el pasado, y el conflicto es un riesgo real en áreas como África occidental, la cuenca del Nilo y Asia central”.

Las guerras del sur de Sudán, Darfur, Chad e incluso Somalia probablemente correspondieron al esquema de guerra migratoria climática. 

De hecho, el manual de 2009 para los futuros comandantes de las fuerzas especiales de EEUU en la Joint Special Operations University va más allá de las predicciones. Revisa el pasado reciente para afirmar que las guerras del sur de Sudán, Darfur, Chad e incluso Somalia probablemente correspondieron, desde finales de los años ochenta, al esquema de guerra migratoria climática. La desertificación obligó a poblaciones de pastores a migrar al sur y devastar con su ganado bosques, sabana y cultivos de poblaciones sedentarias de agricultores. Esa visión constituye un giro mayúsculo en la tradición estadounidense, que llevaba casi dos décadas viendo las guerras del sur como un problema de “anarquía venidera” o “étnica”, según Robert Kaplan, o de “choque de civilizaciones”, en palabras de Samuel P. Huntington.

Védrine es escéptico respecto a la estimación fija de 200 millones de refugiados climáticos porque, según señala, todo es un problema de proporciones y depende en gran medida de lo que ocurra en China. Detalló que, según sus informaciones, ya se registran aproximadamente unos 35.000 incidentes violentos anuales entre civiles chinos y fuerzas armadas por causas climáticas.

“Cientos de millones”

Por el contrario, dijo, si el escenario de “punto de no retorno” en el cambio climático -uno de los escenarios estudiados por los científicos, donde la elevación de la temperatura es inevitable- se confirma, entonces todo cambia de tamaño. Si la nieve del Tibet y del Himalaya, la inmensa reserva de agua que riega los ríos asiáticos, desaparece, se prevén “cientos de millones” de refugiados climáticos, bastantes más de 200. “Hoy no sabemos responder a ese tipo de situación”, añadió púdicamente Védrine.

Ben Cramer, un investigador del CIRPES (Centro de estudios sobre estrategia militar en la Escuela de Altos Estudios EHESS de París) se rebela en uno de sus más recientes análisis contra esa tendencia a militarizar una cuestión, la de los refugiados climáticos, que en realidad tiene que ver con el humanismo, la solidaridad y el
internacionalismo.

“La detección de la contaminación marina” dejada por los buques de guerra en zonas inundables “merecería al menos tanta atención como le están dando a la caza de piratas o de refugiados”, explica.

En un libro publicado este año, Las Guerras del Clima, el psicólogo social Harald Welzer también fustiga esa manera militarizada de ver la cuestión de los refugiados climáticos. Recuerda un célebre paradigma de un sociólogo de principios del siglo XX, William I. Thomas: “Si los hombres definen que una situación es real, se vuelve real por sus consecuencias”. Y se alarma también por la perspectiva de un conflicto con los refugiados climáticos.

Respecto a los altos oficiales y diplomáticos de los países del norte que están elaborando planes militares frente a los refugiados climáticos añade: “Un individuo que gana 70 veces más que los otros, al mismo tiempo consumiendo las materias primas de esos otros y emitiendo nueve veces más residuos tóxicos sería considerado, en cualquier sociedad, como una personalidad psicopatológica”.

www.publico.es

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