Un reconocimiento a la neurobiología moderna


  • Los especialistas se felicitan por el Premio Príncipe de Asturias de Ciencia 2011
  • Altman, Álvarez-Buylla y Rizzolatti han revolucionado el estudio del cerebro

Durante décadas, uno de los pilares básicos de la neurobiología fue la incapacidad de las células nerviosas de regenerarse. Pero los trabajos de Joseph Altman, primero, y de Arturo Álvarez-Buylla, más tarde, han derribado este dogma y han abierto una nueva ventana al estudio del cerebro. El Premio Príncipe de Asturias ha reconocido su crucial aportación a este campo, junto a la labor de Giacomo Rizzolatti, descubridor de las neuronas espejo.

“El premio es absolutamente merecido, en tanto que [los premiados] han cambiado el paradigma de la neurociencia moderna”, explica el doctor Juan Barcia, jefe del servicio de Neurocirugía del Hospital Clínico de Madrid.

“Que las neuronas eran incapaces de regenerarse era prácticamente un dogma”, explica este especialista que ha trabajado un mes con el mexicano Álvarez-Buylla. “Su descubrimiento de las células madre neurales da pie a diseñar estrategias de ‘reparación’ impensables hasta ahora”, añade. Y aunque fue Altman el primero en sugerirlo (“en los años sesenta se rieron de él”), Álvarez-Buylla es quien ha abierto la puerta a la posibilidad de emplear este conocimiento de manera clínica.

“A finales de los 80, Arturo [Álvarez-Buylla] empezó a plantearse que había que indagar más en la neurogénesis adulta en humanos”, explica José Manuel García Verdugo, catedrático de Biología Molecular de la Universidad de Valencia, que es coautor de más de 60 estudios con el mexicano.

Su investigación -que desarrollan juntos desde mediados de los 90- “fue el golpe de gracia porque ha demostrado la existencia de las células madre neuronales, ha determinado dónde están y, además, ha identificado las señales que actúan sobre ellas y los canales que siguen”, destaca García Verdugo.

Regeneración, envejecimiento y tumores
Antes, “se pensaba que las células madre eran cosa de embriones”, indica por su parte el doctor Jorge Matías-Guiu, vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN), “pero con su descubrimiento en el cerebro adulto Altman y Álvarez-Buylla abrieron la puerta a la neurogénesis adulta; un campo con enorme futuro”. En el caso del investigador de origen asturiano, explica Matías-Guiu, estos conocimientos también se están aplicando al terreno de los tumores cerebrales: “Existe la hipótesis de que los gliomas no tienen su origen en las células neurales adultas, sino que son un tumor originado en células madre cerebrales”.

Como resume García Verdugo, “la relevencia de estos trabajos es triple. Por un lado, está la capacidad regenerativa de las células madre, por otro, su implicación en la aparición de tumores cerebrales y, además, que su agotamiento parece estar relacionado con el envejecimiento”.

A pesar de los grandes avances en el conocimiento de estas células madre, “aún estamos en los primeros compases”, asegura el investigador valenciano. Pero, “el día que aprendamos a hablar con ellas, muchas enfermedades serán, probablemente, un problema mucho menor”.

Juan Barcia coincide con esta idea: “Ahora que sabemos que por algún motivo el cerebro reprime ese mecanismo normal de regeneración de las células neurales, podemos intentar facilitar esa regeneración para tratar patologías como el ictus, el Parkinson o el Alzheimer”. “Igual que el XX fue el siglo de la física, el XXI será sin duda el de las neurociencias”, apunta Constantino Sotelo, neurocientífico del Instituto de Neurociencias de Alicante, que conoce personalmente a los tres premiados.

Aunque alaba la trayectoria de todos ellos, asegura no comprender por qué la candidatura agrupaba sus investigaciones. “Los trabajos de Altman y Álvarez-Buylla sí tienen puntos en común, pero Giacomo Rizzolatti ha aportado avances importantes en un área distinta de la suya”, señala.

De hecho, considera que el premio también debería haber reconocido la labor del neurocientífico de la Universidad Rockefeller (EEUU) Fernando Nottebohm, cuyo papel para probar definitivamente la existencia de la neurogénesis “ha sido fundamental”.

www.elmundo.es

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