CERN LHC

El colisionador de átomos está de nuevo en funcionamiento

Luego del fallo eléctrico sufrido esta semana, que ocasionó un desperfecto en el funcionamiento del Gran Colisionador de Hadrones, ya está otra vez funcionando con normalidad.

El mayor colisionador de partículas del mundo se puso de nuevo en marcha hoy viernes después de que un fallo eléctrico forzara a su detención apenas unos días después de su lanzamiento global, según dijo la Organización Europea de Investigación Nuclear (CERN).

El problema afectó al sistema de enfriamiento de lo imanes de alta potencia diseñados para dirigir los chorros de partículas alrededor del túnel circular de 27 kilómetros del Gran Colisionador de Hadrones.

El portavoz del CERN, James Gillies, dijo a AFP que un transformador de 30 toneladas en el sistema de enfriamiento falló durante el jueves de la semana pasada y se ha necesitado una semana para reemplazar el equipo y lograr que las temperaturas volviesen al estado requerido.

Los imanes de dirección del túnel del LHC están congelados a -271 grados Celsius, que es casi el cero absoluto y más frío que es espacio exterior.

“En términos comunes, el LHC es un gran frigorífico, y parte del suministro de energía falló”, dijo.

El LHC, que necesitó casi 20 años para completarse y 6000 millones de francos suizos (3760 millones de euros, 5460 millones de dólares), es uno de los experimentos científicos más costosos y complejos jamás intentado…sigue

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Peter Higgs cree que Hawking está equivocado

Peter Higgs, el físico de la Universidad de Edimburgo cuyo nombre se ha dado a la partícula elemental clave que se buscará en el nuevo acelerador LHC, cree que su colega Stephen Hawking se equivoca al considerar que dicha partícula -el bosón de Higgs- no existe. Hawking incluso ha hecho una apuesta de cien dólares (unos 70 euros) al respecto y dice que le interesan más otros descubrimientos potenciales del acelerador, como las partículas supersimétricas.
“Creo -al 90%- que se va a detectar dicha partícula, si no, sería un rompecabezas”, ha dicho Higgs. “Reconozco que no he leído el trabajo concreto en que Stephen afirma eso, pero he leído cosas suyas que creo que son la base del tipo de cálculo que hace y, francamente, me parece que no es suficientemente buena la forma de hacerlo”. La cuestión, explica este científico, es que Hawking junta teorías de física de partículas con gravitación de un modo que ningún otro físico teórico consideraría correcta. “Tengo muchas dudas sobre sus cálculos”, dice el escocés, según The Times…sigue
Higgs propuso hace más de 40 años un mecanismo que algunos habían esbozado antes y que otros han ido desarrollando después: el bosón de Higgs. El premio Nobel León Lederman, en su libro La Partícula Divina (1994), decía que el Higgs debería llamarse la partícula maldita, por el esfuerzo que costaría encontrarla. El LHC es la prueba patente de ese esfuerzo…sigue

elpais.com

El LHC, el acelerador de partículas más grande del mundo, se ha parado momentáneamente por una disfunción en un transformador, que ha impedido la correcta refrigeración de la planta, según informó hoy la página oficial de la Confederación Helvética (www.swissinfo.ch).

El Gran colisionador de Hadrones necesita mantenerse a una temperatura inferior de 271.3 grados celsius para que los protones puedan circular por el acelerador con una velocidad que supere el 99,99 por ciento de velocidad de la luz, necesaria para los experimentos.

Ayer jueves el CERN confirmó que el fallo estaba arreglado y que la cámara refrigeración funcionaba de nuevo con normalidad, aunque desconocen el momento en el que los protones puedan volver a circular según lo previsto.

Europapress

A medio camino entre la sátira burlona y la estrategia comercial, medios de comunicación de todo el mundo han jugado con la idea del fin del mundo asociada a la reciente puesta en marcha del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) , el acelerador de partículas más poderoso del planeta, el ring donde un siglo de teoría física se batirá en justo pugilato contra la naturaleza. La semana anterior al encendido, el tabloide británico The Sun titulaba: “Nueve días para el fin del mundo”. Tras el arranque de los protones sin novedad, la web ArmageddonOnline.org, un recurso para fetichistas del juicio final, abría: “¡Malas noticias! El colisionador funciona, el mundo sobrevive”.

Pero si hay un combate injusto en este asunto, es el de miles de científicos prestigiosos contra un grupúsculo que elevó demandas judiciales contra el experimento europeo por una supuesta amenaza de cataclismo planetario. La injusticia reside en la huella mediática de unos y otros, en la que siempre ha planeado el morbo alimentado por los alternativos: inevitable tratar la noticia con un “bien, pero… ¿Y si…?”

Appearing for the first three hours, NYU Professor and science writer Charles Seife discussed the implications of the CERN Large Hadron Collider (LHC) experiments, as well as his forthcoming book Sun in a Bottle about fusion energy. Completed at a cost of $6 billion, the particle accelerator complex at CERN was built to a remarkable scale, with a 17-mile underground tunnel. There’s a remote theoretical possibility very close to 0% that the upcoming experiment to recreate conditions around the time of the Big Bang could lead to havoc or the destruction of Earth, Seife commented.

The LHC tests may reveal the presence of the Higgs boson, a heretofore theoretical particle, which could explain how mass and gravity work. A huge amount of energy has to be created in order to spot the particle, he explained. If the LHC creates a black hole, it may mean that we’re reaching into another dimension– something we’ve never had access to before, Seife noted, calling CERN the new frontier. One of the other planned experiments there will look at matter and antimatter.

In Seife’s latest work, looking into the history and struggle to harness fusion energy, he found a series of failed scientific efforts spanning decades. Fission, he suggested, is a better short term solution for energy needs.

Milenarismo científico: el LHC se suma a otros experimentos sobre los que se predijeron consecuencias catastróficas

El “¿Y si…?” forma parte integral de la lógica que rige la física teórica, una disciplina que, contra la idea popular de la exactitud científica, flota en un limbo de indeterminación y probabilidad. Rescatando la metáfora de la manzana newtoniana, la mecánica de los cuerpos estudia la caída de la fruta hasta que se detiene al tocar el suelo, mientras que la física de partículas o cuántica debería considerar la probabilidad de que la manzana atravesase el suelo. En el ecosistema atómico, nada es imposible; como máximo, improbable.

Es este diseño de su maquinaria lógica, unido a la atracción por el entretenimiento intelectual, lo que ha animado a algunos científicos ortodoxos a especular sobre esos improbables efectos catastróficos del LHC. En National Geographic, el físico Jonathan Feng, de la Universidad de California, se suma al juego, “siempre que dejemos muy claro que estamos desvariando”, aclara. Feng señala que si se crease un agujero negro en el LHC, como alertan los catastrofistas, sería inicialmente una diminuta masa menor que un protón. Como toda masa, caería; sólo que esta masa devoraría cualquier otra que encontrase en su camino. Como en el ejemplo de Newton, el agujero negro traspasaría el suelo, comiéndose la Tierra y creciendo poco a poco. Una vez llegado a las antípodas, regresaría, “como un cometa con una órbita que atraviesa la Tierra”, dice Feng. Tras un cierto periodo, habría engullido el planeta, reduciéndolo al tamaño de una pelota de golf. Esta, suplantando a la Tierra, continuaría girando alrededor del Sol, y la Luna en torno a ella, sin que el resto del Sistema Solar se despeinase. Y aquí no ha pasado nada.

Feng concluye que esto nunca sucederá: incluso si el miniagujero hiciese acto de presencia, se esfumaría en microsegundos. La física y escritora Valerie Jamieson, en su blog de New Scientist, explica que la naturaleza ya ha encendido 10.000 trillones de LHC, una estimación del número de veces que los rayos cósmicos han golpeado la Tierra con una energía mayor que la disponible en el colisionador. La única diferencia es que en todos estos casos no había posibilidad de sentarse a observarlo.

Pánico nuclear

Los temores desatados por el LHC no son un episodio inédito. Walter Wagner, uno de los líderes del grupo apocalíptico, ya trató, sin éxito, de detener en 1999 la puesta en marcha del Colisionador Relativista de Iones Pesados (RHIC) en Brookhaven (EEUU). Wagner publicó entonces en Scientific American su hipótesis del miniagujero, que fue refutada por el hoy Nobel Frank Wilczek. Pero en su ingenuidad teórica, Wilczek cometió el error de sugerir otra eventualidad: la posible liberación de materia extraña, otro tipo de sustancia destructora cuya mención ha reaparecido con el LHC. Por el revuelo que levantó su imprudencia, Wilczek fue condenado a participar en la elaboración del informe de seguridad del RHIC.

El diagnóstico de los riesgos del RHIC no fue el primer informe de seguridad de un experimento científico que abordaba la posibilidad de cataclismo final. El primer precedente histórico de estos estudios y de sus inciertos experimentos tuvo lugar en plena ebullición de la tecnología nuclear, durante el programa que enroló a una generación de genios de la física mundial para rendir la bomba atómica a los pies de EEUU: el Proyecto Manhattan.

En 1942, los cálculos del Nobel italiano Enrico Fermi se aplicaron a la creación de la pila atómica. El primer reactor nuclear de la historia, instalado en una cancha de squash en la Universidad de Chicago, sembró el pánico entre sus colegas, temerosos de una catástrofe. Según el astrofísico Edward Kolb, hoy en la misma universidad, “Fermi tenía un malvado sentido del humor. Aceptó apuestas sobre si el mundo se acabaría o no”. Poco después, Fermi se incorporó al Proyecto Manhattan. Allí, su colega Edward Teller predijo que el estallido de una bomba de fisión de uranio podía desencadenar la ignición de todo el nitrógeno de la atmósfera terrestre. Washington no se conformó, y Teller recibió el encargo de dirigir un estudio científico de riesgos que evaluase esta posibilidad. El resultado fue el documento Ignición de la atmósfera con bombas nucleares, con código en clave LA-602, desclasificado en 1973…sigue

Publico.es

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